Tous les textes du philosophe Daniel Bensaïd.

Daniel Bensaid, Francisco Louça y Michael Löwy

janvier 2005

Carta a los militantes de Democracia Socialista

Estimadas amigas y camaradas de la DS,

La presidencia de Lula ha llegado a su ecuador y las elecciones municipales de noviembre son una buena ocasión para una especie de balance provisional, a las puertas de un período ya marcado por los preparativos de la campana de 2006. Ante la imposibilidad de participar en el próximo Foro Social Mundial y de contribuir de viva voz a vuestros debates, como a menudo hemos hecho durante casi un cuarto de siglo de colaboración amistosa, os enviamos estas reflexiones sobre la evolución de la situación en Brasil y sobre sus repercusiones internacionales.

1. La cuestión central, después de estos dos años, es la caracterización de la política del gobierno. Podemos definirla, sin la menor ambigüedad, como social-liberal. Es la que ha valido los elogios del FMI y de los organismos internacionales. La resolución de la VII Conferencia Nacional de DS de noviembre de 2003 recoge claramente este hecho : “Los primeros ocho meses de gobierno Lula han estado marcados por la construcción de un sistema de alianzas que incluye a amplios sectores burgueses, por una política económica fundamentalmente conservadora y, por otra parte, por los progresos limitados en la introducción de cambios” (II, 1). Y mas adelante : “La política macroeconómica ha expresado una total subordinación a las orientaciones del FMI” (II, 2) Todavía mas recientemente, en su balance de las elecciones municipales, el Grupo de Trabajo (GT, su órgano dirigente) de la DS hizo la siguiente observación : “La subida de las tasas de interés, el incremento sin precedentes en lo que a excedentes presupuestarios se refiere, la sumisión al capital financiero y a los llamados mercados estrangulan la nación” (noviembre 2004).

La práctica cotidiana de la mayoría de la DS, a lo largo de este ultimo año, parece sin embargo poco coherente en relación con las formulaciones votadas por la conferencia : ¿como es posible caracterizar en estos términos la política gubernamental, adoptar una posición dubitativa ante las reformas concretas que la caracterizan y seguir participando en el gobierno sin que ni tan siquiera los camaradas directamente implicados en las responsabilidades gubernamentales expresen claramente sus desacuerdos ?

2. La resolución de la conferencia ponía de manifiesto que el periodo inicial del gobierno “revela una dinámica de conflictiva tanto en el interior de las políticas gubernamentales como en la relación entre el gobierno y las fuerzas sociales que permitieron su elección” (II, 12). Extrajo la conclusión, en el mismo tono, de que existía una “disputa por la dirección ‘simultánea’ en el partido y en el gobierno” (V, 9) Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre el partido y el gobierno. El partido es el resultado de mas de veinte años de luchas, de experiencias ligadas a la movilización de los movimientos sociales. Esta historia política se expresa en las contradicciones internas entre las definiciones iniciales del partido y su practica actual de subordinación a las orientaciones gubernamentales. Esto es lo que permite reivindicar la legitimidad y la herencia petista (el PT “e nosso”, es decir “nos pertenece”). En cambio, como podemos pretender que un gobierno que acabamos de caracterizar de conservador y “continuista” en relación al de Fernando Henrique Cardoso, “e nosso” ! El partido es un producto de las luchas. El gobierno es una institución del Estado. Existe ciertamente, en teoría, la posibilidad de promover reformas progresistas en su seno. Esta posibilidad existe incluso en gobiernos que gestionan lealmente el orden establecido como los de Blair, Schröder o Jospin. Pero un gobierno no es, por consiguiente, una simple suma de las políticas de sus ministerios y el lugar de una especie de dualidad de poder entre los ministerios “económicos” y los ministerios sociales. El gobierno de Lula tiene por tanto una política global cuyo curso esta determinado por elecciones económicas y financieras. Durante las primeras semanas o los primeros meses, podemos, por preocupación pedagógica, concentrar las criticas en las decisiones económicas, sobre Meirelles y Palocci. Pero estas decisiones denominadas “económicas” constituyen, sin duda, la orientación política del gobierno, que determina a su vez las constricciones presupuestarias y condiciona el conjunto de las políticas que se están llevando a cabo.

3. En estas condiciones, la participación en el gobierno se ha vuelto cada vez mas problemática. En las discusiones entre militantes de la IV Internacional hemos insistido en evitar que la cuestión se planteara en términos abstractamente doctrinales, como una cuestión atemporal, sin tener en cuenta las características del país, de la historia del PT, de sus vínculos con los movimientos sociales y sindicales. Varios indicadores alimentaban la preocupación de que, en ausencia de fuertes movilizaciones sociales (con la excepción de las de los campesinos sin tierra), algunos ministros conocidos por ser de izquierdas se convirtieran en comodines o en rehenes de una política cuyas opciones ya han sido anunciadas en la Carta a los brasileños durante la campana electoral. Desde el principio hubo diferentes posiciones sobre la participación de Miguel (Rossetto) en el gobierno, tanto en la Internacional como entre vuestras filas. Pero una vez la DS se decidió a participar en el, sin esconder nuestras reservas y dudas, respetamos vuestra decisión e intentamos ayudar en lugar de obstaculizar vuestra tarea. De modo que nos hemos esforzado en convencer a los camaradas de nuestras propias secciones de que la cuestión de la participación gubernamental debía ser lógicamente subordinada a la apreciación de las orientaciones gubernamentales. Desgraciadamente, apenas hubo suspense en la materia. En todo caso, no ha durado mucho : el nombramiento de Meirelles y de Palocci, así como las primeras medidas, han anunciado muy rápidamente su color. Estemos de acuerdo o no con el argumento, podemos comprender la preocupación de no añadir dificultades suplementarias para nuestros candidatos municipales, particularmente en Porto Alegre, abandonando el gobierno. Pero desde las elecciones municipales este argumento ha perdido su actualidad.

4. Sin constituir una revolución agraria, el Programa nacional de reforma agraria adoptado en noviembre de 2003 podría constituir una reforma substantiva, apoyado de hecho por los sin tierra durante el mitin de presentación. Podría, en efecto, a condición de ser efectivamente aplicada, iniciar una dinámica de movilización. Mas allá de la controversia sobre las cifras de 2004, parece claro que los retrasos se acumulan en relación a los objetivos del programa y es cada vez mas dudoso que sus objetivos sean alcanzados al final de su mandato. Ante esos obstáculos, fundamentalmente presupuestarios, habría sido posible subir el tono, para responsabilizar de los atrasos a las decisiones macroeconómicas, y preparar de ese modo una eventual salida del gobierno, o al menos la presentación de un balance presentable ante los movimientos sociales. Pero parece, al contrario, que el Ministerio de Desarrollo Agrario ha mantenido una enorme discreción en sus declaraciones publicas. Por consiguiente, corre el peligro de quedar atrapado entre una política gubernamental de la que apenas se ha desmarcado y la insatisfacción creciente de los movimientos campesinos.

Mas en general, en la medida en que el gobierno no es un simple mosaico de ministerios sino el instrumento de una política global, aunque se trate de un régimen presidencial en el que no exista nada equivalente a un consejo de ministros, no puede refugiarse en la gestión de “un solo ministerio” y no prestar atención a la lógica de conjunto de la orientación del gobierno.

5. En el plano social, sonó la alarma durante el invierno de 2003 con el debate sobre la reforma de las pensiones. Hemos tomado en consideración el argumento según el cual esta cuestión no revestía la misma centralidad en la vida política del país que la reforma de las pensiones en Francia o en Alemania. Se trataba, sin embargo, de una reforma claramente neoliberal del mismo tipo, que abría la vía a los fondos de pensiones y, mas allá de las argucias técnicas, a una privatización creciente de la protección social. El asunto era lo suficientemente grave como para justificar el paso de una critica oblicua (o “indirecta”), justificada por la preocupación pedagógica de los primeros meses de no estar diez pasos por delante de las masas en su relación con el gobierno, a una critica mas frontal. Desde luego, esta inflexión no habría dejado de plantear de manera mas aguda el problema de nuestra participación en un gobierno cuyas políticas habríamos combatido abiertamente. Pero, en lugar de una oposición clara y neta a la reforma, hemos tenido una orientación dubitativa, ilustrada por la dispersión de los votos de los diputados y senadores de la izquierda petista (incluidos los de la DS), entre el voto a favor por “disciplina”, la abstención justificada y los votos en contra. El argumento sobre la disciplina y el riesgo de sanciones no era muy convincente ; cuantos mas parlamentarios se hubieran opuesto francamente a la medida (o que al menos se hubieran abstenido), tanto mas difícil le hubiera resultado a la dirección del partido tomar medidas burocráticas.

6. Parece – ambos aspectos están estrechamente ligados – que hemos subestimado durante mucho tiempo el sentido del procedimiento de expulsión contra Heloisa y otros tres diputados disidentes que se inicio entonces. La resolución adoptada por la séptima conferencia “en defensa de la democracia y contra las expulsiones de parlamentarios del PT” es muy buena. Concluye con el anuncio de una campana publica contra las amenazas de expulsión. Menos de quince días después de la conferencia, las amenazas ya se habían convertido en un hecho consumado. La dirección del Partido se había adelantado y desactivado la campana antes de que empezara. Fueran cuales fueran las torpezas cometidas por los parlamentarios incriminados, esta expulsión no ha sido una peripecia secundaria. Para la dirección lulista se trataba de dejar muy clara la subordinación del Partido al gobierno y de dividir preventivamente a las oposiciones que no dejarían de emerger contra los efectos sociales de la política gubernamental. Las sanciones burocráticas ilustran de ese modo la transformación del partido en una correa de transmisión de las opciones gubernamentales ante la sociedad, en lugar de ser la representación de los movimientos sociales ante el gobierno. Esta evolución se ha consolidado y amplificado mediante el reclutamiento por el PT de una especie de “promoción Palocci”, mas carrerista y menos militante.

A nivel internacional, estas expulsiones burocráticas de algunos parlamentarios fieles a los compromisos programáticos oficiales del Partido han tenido un enorme impacto en los medios de la izquierda social y sindical, mucho mas allá de nuestras propias filas. Sin embargo, nosotros mismos hemos tardado en tomar una iniciativa de protesta antes de conocer la línea defensiva adoptada por los camaradas de DS y debido a la preocupación de no limitar la campana de defensa a un asunto identitario de los trotskistas. Por consiguiente, no retomamos el llamamiento iniciado por nuestros camaradas británicos hasta que consultamos a los camaradas de la DS durante su conferencia nacional. El eco muy favorable que tuvo la iniciativa demuestra las potencialidades de una campana lanzada, desgraciadamente, demasiado tarde.

7. Las resoluciones de la VII conferencia representaron en noviembre de 2003 una búsqueda responsable de una unidad consensuada, propia de la tradición de la DS, sin enmascarar, por tanto, las diferencias importantes de apreciación. Del mismo modo, las medidas decididas en materia de organización (prensa, direcciones, etc.) demuestran una nueva ambición por conseguir una “DS grande”, en la perspectiva de una tendencia mas visible, mejor delimitada y ampliada. Pero es la dirección del PT quien ha impuesto el juego y los ritmos precipitando, en particular, el procedimiento de expulsión para forzar a los expulsados, bajo pena de tener que aceptar una muerte o una hibernación política, a tomar iniciativas fuera del partido. Algunos de entre nosotros hemos creído que era precipitada la proclamación del PSOL, creyendo que habría sido preferible desarrollar una campana democrática de algunos meses por la reintegración, a la vez que organizando sistemáticamente agrupaciones y colectivos por “una reconstrucción socialista del PT” (siguiendo la formula que figura en la resolución de la conferencia). Poco importa : no existen instrumentos científicos fiables para decidir estas cuestiones de ritmo y de táctica. La política es una campo de fuerzas y de iniciativas, en el que nadie tiene la certeza absoluta (en caso contrario la idea misma de decisión perdería todo su sentido).

El PSOL se ha constituido pues sobre la base de una acto de legitima defensa. Tiene, sin duda, una posibilidad de desarrollo. Incluso aunque el PT siga captando ciertas formas de radicalización, su evolución derechista libera otros espacios de radicalización social : existe vida fuera del PT. Sin embargo, aunque consiga organizar una campana significativa en 2006, el PSOL esta lejos de representar en acto la alternativa creíble al PT, incluso ante un PT cada vez mas burocratizado y corrupto. Sobre el papel (y tal vez visto desde demasiado lejos) las cosas parecen claras : ni subestimación izquierdista del capital político acumulado dentro de ese partido, ni fetichismo del PT. Hará falta pues :

– trabajar por reagrupar, sobre la base de un contenido alternativo claro a la política del gobierno, a la izquierda petista (o lo que los camaradas del Estado de Ceara denominan lindamente “la tendencia petista del PT”). La lucha resuelta que han librado estos camaradas durante las elecciones municipales de Fortaleza es el signo de que existen posibilidades ;

– contribuir, con los camaradas que lo deseen, a la construcción del PSOL, evitando las trampas de un izquierdismo infantil (como la posición abstencionista – o la falta de posición – ante las elecciones en Porto Alegre), negando el hecho evidente de que una victoria de Raúl (Pont) en las elecciones municipales de Porto Alegre habría sido importante para la ciudad, para la situación interna del PT y para el movimiento altermundialista en su conjunto ;

– entablar el dialogo entre las corrientes de izquierda en el seno del PT y las pequeñas fuerzas independientes como el PSOL. Entonces se podría establecer una complementariedad de la izquierda critica dentro y fuera del PT, evitando de ese modo los ataques recíprocos y respetando las opciones tácticas respectivas. Esto concierne en particular a los camaradas de nuestra corriente : si se encuentran hoy implicados en opciones y dinámicas distintas, deberían tener la preocupación de no cortar los lazos y de mantener abiertas sus opciones de futuro.

8. Desde luego, una dificultad clave de la situación, agravada en Brasil por las dimensiones del país y por los contrastes regionales, es la asincronía de los ritmos de toma de conciencia en el PT, en la izquierda del PT, en los movimientos sociales, entre Estados. Y nuestra tarea debería ser combinar ese desarrollo desigual. Pero, para ello necesitaremos una orientación clara y una voluntad firme en lugar de reforzar las vacilaciones vacilando entre los vacilantes. En Fortaleza la determinación ha pagado. La DS, si hubiera tenido el proyecto de una alternativa clara a la política gubernamental, habría sido ciertamente la fuerza mejor situada pera reagrupar a una izquierda radical sin el PT y de entablar el dialogo con las fuerzas que ya no ven en ese partido el instrumento principal de la lucha de clases.

Esta claro que una oposición resuelta en el seno del PT pone las bases de múltiples hipótesis, incluyendo las condiciones para una eventual ruptura significativa, de mayor alcance que las salidas dispersas de militantes desencantados, capaz de reivindicar una parte importante de la continuidad y de la herencia histórica del PT en lugar de abandonarla sin combate en manos de una dirección usurpadora.

9. Mientras en mayo de 2004 el debate parecía poder abrirse entre camaradas de la Internacional y la dirección de la DS sobre diversas hipótesis tras las municipales, su espacio parece mas bien haberse reducido, y haberse profundizado la división entre los militantes.

Por si fuera poco, los resultados de las elecciones municipales muestran que, en ciertas ciudades como Porto Alegre, también habríamos pagado, según ciertas declaraciones de Raúl (Pont), las consecuencias de la política del gobierno Lula, en particular entre los sectores tradicionalmente ligados al PT. La campana, sin duda, se ha resentido de la imagen del gobierno Lula entre sectores electoralmente importantes, de la regresión que representa a los ojos de los sectores mas militantes del PT, por el modo en el que ha reaccionado buscando alianzas cada vez mas amplias en lugar de reforzar su propia capacidad de acción social y de valorar las experiencias militantes de un PT combativo y unitario.

10. Es un signo de la madurez de la DS, y un aspecto positivo de la cultura del consenso que ha presidido su formación desde principios de los años 1980, que se haya dado “tiempo al tiempo” en lugar de precipitar las divergencias bajo la forma, como ha sido el caso en ciertas secciones, de una guerra civil de tendencias y fracciones.

La paradoja es que la orientación mayoritaria de la DS parece hoy mas conciliadora ante la mayoría del partido (con el pretexto de la especulación de que existen matices y divisiones en su seno), a la vez que aparecen voces cada vez mas sombrosas entre los sindicalistas, los intelectuales, los economistas, ciertos sectores de la Iglesia exigiendo un cambio radical de la política gubernamental.

La partida de Carlos Lessa (y la ausencia de Lula en el funeral de Celso Furtado) simboliza la renuncia a las perspectivas “desarrollistas” todavía existentes. La dimisión discreta de Frei Beto ilustra las dificultades de la campana “hambre cero”, ejemplificadora del estrangulamiento de las reformas sociales en beneficio de la austeridad presupuestaria. Cuando algunos esperaban un giro a la izquierda de la política gubernamental tras las municipales, Lula ha confirmado con fuerza sus opciones económicas. A pesar de que la buena coyuntura actual le concede cierto margen de maniobra pre-electoral hasta 2006, la “línea general” sigue siendo la misma si exceptuamos un par de ornamentos tan anecdóticos como sorprendentes que se le han superpuesto (por ejemplo, la inmunidad a medida para Meirelles, autorización de las semillas transgénicas, etc.).

11. De ahora en adelante, el tiempo esta contado. Nadie es dueño de los ritmos y de los tiempos. Pero el calendario institucional obligara a tomar decisiones claras en 2006. Y 2006 empieza hoy con la preparación de la conferencia del PT y del Proceso de las elecciones directas. Ante esos eventos, las cuestiones tácticas deberán subordinarse a las cuestiones de fondo y de contenido. La resolución de la VII Conferencia contiene en relación a eso elementos de un “necesario reforzamiento de una perspectiva de transición al socialismo” (I, 6), una propuesta de autonomía nacional contra la dependencia mundializada, una propuesta de moratoria de la deuda (sobre la cual se podría proponer un frente a Venezuela, a la Argentina, y quizás a Bolivia el día de mañana, etc.), propuestas de campana contra el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), sobre los salarios y el empleo, sobre un proceso de generalización del control y de presupuesto participativo a nivel del Estado (federal), sobre una reforma agraria y medioambiental radical. Es transformando tal plataforma en campanas concretas, en lugar de reservárselas como “un programa para los días de fiesta” y, planteando la cuestión de una ruptura con el gobierno, podremos redibujar las alianzas y las convergencias, dentro y fuera del PT sobre bases sólidas y no sobre impresiones e intereses fluctuantes.

12. Somos perfectamente conscientes de que la manifestación del punto de vista desarrollado por esta carta puede ser percibido como una ingerencia en el debate interno de la DS. Pero la situación es bastante seria y sus repercusiones internacionales demasiado importantes como para dejar que la diplomacia se imponga a la franqueza. Si pertenecemos a una misma organización internacional es precisamente para poder entablar relaciones de franqueza y aprovechar la experiencia acumulada por unos y otros. A nuestro juicio, esta discusión es tanto mas legitima en la medida en que nos hemos dado el tiempo necesario para comprender y no para emitir juicios consistentes en una transposición mecánica de criterios abstractos. Este es también el motivo por el cual los órganos de la Internacional han preferido abrir el debate haciendo circular informaciones y puntos de vista, sin precipitar votos formales que habrían cristalizado prematuramente las posiciones en lugar de clarificar los términos del debate. En la medida en que el conjunto de los camaradas de la DS, sean cuales sean sus opciones de construcción, siguen siendo miembros de la Internacional, esperamos que este marco común de referencias programáticas contribuya a preservar las condiciones de un debate serio, informado por las experiencias por venir. Es a esto a lo que, en la medida de nuestras fuerzas, nos proponemos contribuir.

París, enero de 2005

Haut de page