Tous les textes du philosophe Daniel Bensaïd.

Pensar y actuar

Ensayo biográfico

français

Desde mediados de los años 1960 hasta principios del 2010, la vida política y militante de Daniel Bensaïd abarca casi medio siglo de la historia política francesa e internacional. Como para todos aquellos y aquellas que quieran transformar el mundo, está historia está marcada por deseos, proyectos, retos, éxitos… y, también, por reveses, desengaños e incluso decepciones. No es fácil reconstruir su itinerario sin perderse en los recuerdos dispersos o anecdóticos.

Daniel visto por Wiaz
en Les Hors la loi
de Palente
, dibujos
animanos de Piotr y Wiaz
en torno a la huelga
de Lip, 1974.

Militante activo en el día a día, transmisor infatigable del proyecto revolucionario cuya actualidad consideraba confirmada, estando siempre atento a la necesidad vital de ponerlo al día, Daniel construyó, por encima de tropiezos políticos y personales, un itinerario propio. Quienes mantuvimos una relación estrecha con él en distintos períodos de ese itinerario hemos decidido restituir sus grandes fases procurando no leer el pasado a la luz del presente y tratando de respectar la preocupación que tenía Daniel por el rigor, siempre mezclado de apertura y curiosidad y ávido por atrapar las ocasiones que sacudían el conformismo y abrir, sin tregua, nuevas “vías de lo posible”.

Años 1960-1970 : el aliento de Mayo

Desde sus primeros años de militancia en la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud y más tarde en la Universidad de Nanterre, antes de que se produjera la gran sacudida de Mayo-68, Daniel aparece como un comunista fiel a su infancia en el ambiente familiar de Toulouse, que a él le gustaba recordar con respeto y afección [1]. Se afilia a las Juventudes Comunistas (JC) y, después, a la Unión de Estudiantes Comunistas, pero muy pronto se opone a la línea oficial de la dirección del Partido Comunista que durante la primera candidatura de Mitterand cocinaba ya -en el ámbito parlamentario- la futura alternativa de Unión de la Izquierda. El PCF estaba a favor de la fórmula “Paz en Vietnam” y evitaba impulsar la solidaridad con los combatientes del FNL indochinos al igual de lo que hizo durante la guerra de liberación en Argelia contra el colonialismo francés, en la que renunció a tomar partido por la victoria del FLN. Daniel formó parte de la Oposición de Izquierda en el seno de la UEC antes de llegar a ser en 1966, uno de los impulsores en la creación de la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR).

Reunión del Movimiento del 22 de Marzo, creado en Nanterre tras
el arresto de Xavier Langlade por su participación en una manifestación
contra la intervención en Vietnam, el día 29 con -de derecha a izquierda, Daniel Bensaïd (gafas de sol), Xabier Langlade y, de pie, Daniel Conh-Bendit.

En 1968, siendo uno de quienes animaban el movimiento 22 de marzo en la Universidad de Nanterre, presiente que la situación va a devenir explosiva y que exige nuevas formas de lucha. Posee un sentido muy agudo de la iniciativa política y cuando explota el movimiento de Mayo 68 se encuentra en primera línea de acción en las barricadas, en las asambleas generales del movimiento y en la dirección de la JCR, buscando a cada momento la idea, la propuesta, la acción que podría hacer bascular la situación. Pero Daniel no sólo trata de acelerar los acontecimientos en el fragor de la acción sino que, a partir de la comprensión de la dinámica de los movimientos sociales y, en particular, del vínculo entre el movimiento estudiantil y la huelga general del movimiento obrero, las sitúa en perspectiva, consciente al mismo tiempo de la necesidad de una organización política y de la necesidad de acumular fuerzas para la construcción de un partido revolucionario.

Leyendo y releyendo a Lenin y a Trotsky, buscando en las elaboraciones de los años de la revolución rusa cómo entender lo que estaba ocurriendo en las experiencias presentes, toma conciencia de la necesidad de un pensamiento estratégico, en el que le parecía vital la construcción de un útil político capaz de capitalizar las experiencias, renovarlas al calor de las luchas, y analizarlas y sintetizarlas para definir el camino que lleve al derrocamiento del orden existente. Para sorpresa de muchos, tras Mayo-68, como si se tratara de una evolución natural orientada a retomar el hilo roto por el estalinismo, se adhiere a la aspiración liberadora y creadora del marxismo revolucionario. En 1969, durante la creación de la Liga Comunista (LC), militó activamente, con la convicción y energía que le eran propias, para que la LC se constituyese como sección francesa de la Cuarta Internacional (SFQI, en las siglas francesas), dando continuidad al Partido Comunista Internacionalista (PCI) en el que militó poco antes. Estaba convencido de la necesidad de tener raíces inscritas en la experiencia del pasado para forjar las ideas, las acciones y los nuevos instrumentos para transformar el mundo.

A lo largo de la ardiente década de los años 1970, Daniel no escatimó esfuerzos para hacer realidad lo que veía germinar en las experiencias de Mayo-68 en Francia, el otoño caliente en Italia, la Primavera de Praga, la ofensiva del Tet en Vietnam, el levantamiento estudiantil en Méjico y en los Estados Unidos. Seguramente no era el único que pensaba que “la historia nos mordía la nuca”.

Para empezar, Daniel se situó en el terreno de la acción internacional y el internacionalismo. Además de participar en las luchas internas y externas de la Liga (que tras su disolución en 1973 como consecuencia de la gran manifestación antifascista contra Ordre Nouveau, precedente lejano del Frente Nacional), se convierte en dirigente activo de la Cuarta Internacional, participando en su proceso de construcción y de puesta al día, lo que a menudo le obliga a ausentarse de Francia : en España, ayudando a construir la LCR, o en América Latina más tarde, donde la Internacional conoce un rápido crecimiento entre las fuerzas atraídas por la revolución cubana.

Al mismo tiempo Daniel desempeñó, junto con su compañera Sophie, una papel clave en el lanzamiento, a finales del año 1975, del diario de la LCR, Rouge, y de Cahiers de la taupe, revista política de intervención obrera. Daniel vincula la teoría y la práctica, la intuición y la política, las ideas y la organización. Al mismo tiempo, puede dirigir el servicio de orden de la Liga que ¡escribir un trabajo teórico !

1974, mitin en el Palacio de Deportes en solidaridad con los militantes y víctimas de la represión franquista.

Junto a Ernest Mandel y Charles-André Udry, contribuyó a la tarea de reapropiación y actualización histórica de la Cuarta Internacional, fundamentalmente a través de los cursos de formación de cuadros de la Internacional. Estudiando las revoluciones rusa, alemana, italiana y española, las enseñanzas de los Frentes Populares de los años 1930 o la trágica experiencia chilena de 1970-1973, Daniel articula historia y presente. Su aportación a la elaboración de los programas de acción y manifiestos de la Liga se reconoce con facilidad porque tenía una pluma brillante y una escritura sin igual. Quienes participaron en los debates de la Liga o de la Internacional guardan el recuerdo de du capacidad, no para repetir citas, sino para analizar el contexto de un debate político o estratégico y cernir el hilo de los argumentos para remarcar su riqueza o novedad. En los años 1975-76, con la revolución portuguesa, y más aún en 1979, con la revolución sandinista en Nicaragua, ilustra, lejos de las trivialidades de muchos otros, la fortaleza de las posiciones marxistas revolucionarias.

Años 1980 : el principio del fin del mundo de antes

El anuncio un tanto precipitado realizado en Mai 68, répétition générale [2] no se realiza. Antes de finalizar ese decenio Daniel comienza a reflexionar críticamente sobre lo que, con humor, denomina un “leninismo a presión”. No se trata de evacuar el bebé con el agua sucia de la bañera sino de volver a las fuentes de la reflexión estratégica. Si la política es la anticipación de las vías y los medios para cambiar la situación existente modificando la relación de fuerzas, es preciso un instrumento activo y democrático para discutir la mediación hacia esa meta.

En aquellos momentos, la generación de 1968 tenía tendencia a considerar que la radicalización que se operaba en la sociedad portaba en sí misma los cambios deseados y que las “iniciativas en la acción” podían acelerar las cosas. Iniciativas que podían convertirse en sustitutas de los ritmos y de la acción del movimiento de masas ; sobre todo, en lo que respecta a las actividades de los servicios de orden o de autodefensa. Retomando estas reflexiones en los debates internos de la Liga y de la Internacional, al principio implícitamente y poco a poco cada vez más explícitamente, Daniel retoma el hilo de su reflexión estratégica.

En el veinteavo aniversario de Mayo 68 publica con Alain Krivine un libro en el que retoma el balance del levantamiento estudiantil y de la huelga general en el contexto de las perspectivas nacionales e internacionales basadas en la nueva situación abierta por estos acontecimientos de primer orden [3]. Todas estas cuestiones no están pasadas de moda y continúan siendo una lectura estimulante en medio del sopor de los debates contemporáneos. De ese modo, mostrando el tiempo largo de toda maduración revolucionaria, da cuerpo a sus concepciones, lo que más tarde llamaría la “lenta impaciencia”.

Con la ayuda de los análisis de Ernest Mandel, escruta el giro que da la economía capitalista mundial en 1973-1975, fechas referenciales que pasaron casi desapercibidas pero que marcaron el fin del período de la expansión de la post-guerra dominado por la hegemonía americana. Más allá de la derrota de los Estado Unidos en Vietnam en 1975, que constituye un elemento político de primera orden, el capitalismo internacional, sus dirigentes e ideólogos buscaban remodelar este sistema de explotación que daba muestras evidentes de agotamiento.

La victoria de Reagan en los Estado Unidos y, poco más tarde, de Theatcher en Gran Bretaña abre un nuevo período marcado por el liberalismo económico y la globalización financiera, en el mismo momento que se dan las grandes derrotas sociales (controladores aéreos americanos en 1981, mineros británicos en 1985). En Francia, la elección e Mitterrand en 1981 hace pensar, en un primer momento, en una contra-tendencia, pero esta perspectiva se esfuma rápido en el nuevo panorama con el retorno a la política de rigor adoptada en 1983. Al mismo tiempo, en el mundo salido de la Guerra fría, el bloque soviético se ve sacudido a principios de los años 1980 por el levantamiento de los obreros polacos bajo la dirección del sindicato independiente Solidarnosc. El mundo comienza a cambiar. Y bascula definitivamente con el caída del Muro de Berlín en 1989 que prefigura un tanto la implosión de la URSS en 1991 y la extensión consecutiva del sistema capitalista a todo el planeta ; también de China, bajo la batuta del padrecito Deng.

A principios de los años 1990, Daniel define el período bajo la fórmula : “Nuevo período, nuevo programa, nuevo partido”.

Para él este periodo es a la vez el del retorno crítico sobre el período precedente, el de la vuelta a las fuentes -a Marx para reapropiarse de las claves para una comprensión profunda de la situación- y el de la confrontación a la práctica del militantismo en unas coordenadas totalmente diferentes. Consagra mucha energía a los debates en la Escuela Internacional de Cuadros de Ámsterdam, creado en 1982. Paralelamente, relativiza su implicación cotidiana en la dirección francesa para dedicarse a las tareas de la internacional que para él son decisivas. Son el laboratorio de los nuevos enfoques.

Porto Alegre, Brasil, febrero de 2004. Encuentro contra la guerra. De izquierda a derecha, Leandro Martínez Heredia, cubano, Daniel Bensaïd, Raul Pont, alcalde de Porto Alegre entre 1997-2001, Flavio Koutzii, Jorge Beinstein, economista argentino, Ubiratan de Souza, responsable del presupuesto participativo en el ayuntamiento de Porto Alegre.

A este respecto, resulta significativa su implicación en la constitución de la corriente obrera de masas que daría nacimiento al Partidos de los Trabajadores (PT) en Brasil en 1982. En esta experiencia encuentra la posibilidad de reflexionar y de trabajar sobre la delimitación de los nuevos parámetros estratégicos que plantea la situación : no para volver a criterios clásicos (por otra parte, ¿cuáles ?) sino para la construcción de una corriente marxista revolucionaria (“clasista” como se dice en America Latina) basada en el reforzamiento numérico y la transformación social concomitante de la clase obrera en el vasto mundo capitalista, capaz de elaborar respuestas programáticas y estratégicas para cambiar el mundo en plena transformación.

Aborda esta ambiciosa tarea absorbiendo miles de páginas, sobre todo en francés, pero también en inglés, castellano, portugués, italiano (para Gramsci), en alemán (para Marx). Y todo ello, sin dejar de lado un militantismo de los más prosaico.

A principios de los años 1990, la enfermedad [4] que le afecta le lleva a definir sus prioridades : privilegiar lo que él define como su trabajo de “transmisor” de un marxismo creativo y fecundo.

Años 1990 y 2000 : retomar el hilo para ponerse al día

A finales de los años 1980, cuando ya suenan los tambores mediáticos de la contra-reforma liberal predicando los beneficios de la globalización, constata : “La idea misma de la revolución que hasta ayer mismo radiaba una utopía feliz, de liberación y de alegría, se ha vuelto sombría.” Sobre el telón de fondo del acenso de la globalización, los años 1990 son años de una reacción ideológica intensa. Daniel no escatimó esfuerzos, a menudo agotadores, para sobrepasar ese eclipse. Si con la ayuda de la crisis, hoy hay un poco más de claridad -aunque no la suficiente- en esos años la hubo gracias a Daniel que, se impuso como un militante teórico rigurosos, fértil e imaginativo, reconocido y estimado más allá de su familia política.

Jamás pensó que su tarea era la de un conservador de museo. Pero en medio de la tormenta en la que el capitalismo parece triunfar y el socialismo está desacreditado por el rechazo masivo y justificado de quienes lo habían pretendido hacerlo “existir realmente” a través de regímenes tan despóticos como incompetentes, Daniel está obsesionado por la importancia del momento : no había que dejar realizar el balance de ese período a quienes alaban las virtudes del mercado o se alinean a él. Es preciso salvar el ideal del socialismo, del comunismo e incluso de la revolución, de la debacle histórica del estalinismo. Para eso era indispensable hacer el balance del siglo, levantar acta de la amplitud de la contrarrevolución estalinista, que era mucho mayor de lo que se podía pensar. Existía el riesgo de ser arrastrados en esa caída, tan esperada, pero cuya conclusión fue la opuesta de la que se esperaba. Daniel nos hizo compartir una exigencia : volver a la Revolución rusa, desde sus inicios, para extraer todas las enseñanzas posibles ; sobre todo, en lo que se refiere a las cuestiones democráticas. Es una necesidad vital para discernir entre las conquistas revolucionarias de los años 1917-1924 y la contra-revolución estalinista iniciada a finales de los años veinte. Se hacía indispensable una comprensión común de los acontecimientos y de las tareas para hacer frente al nuevo período histórico.

Siempre dando el callo…

Así pues, “Nueva época, nuevo programa, nuevo partido.” La mayoría de las cuestiones quedaban abiertas. Las vías y los caminos de la revolución se reinventan. Daniel estaba convencido de la necesidad de abordar esta nueva situación con el máximo de referencias y de experiencias extraídas de la lucha de clases del pasado para los revolucionarios. Jamás se empieza a partir de cero. Hay que comenzar siempre “por la mitad”, para retomar una fórmula del filósofo Gilles Deleuze que le gustaba citar a Daniel.

Tras un inicio de década en la que predominaban las teorías de Fukuyama sobre el capitalismo como fin de la historia, las revueltas anti-liberales de 1995 en Francia marcadas por la huelga de maquinistas de tren, el desarrollo del movimiento altermundialista a partir de las manifestaciones de Seattle y las excepcionales movilizaciones sociales en América Latina, modificaron el clima político mundial. Sonó la hora de las resistencias a las contra-reformas liberales.

Centenas de miles de jóvenes gritaban, a través de los foros sociales mundiales, : “otro mundo es posible”. Daniel añade : “Si, pero es preciso saber en qué consiste ese mundo y como alcanzarlo”. Insiste sobre el retorno de la cuestión estratégica : ¿qué ejes programáticos ?, ¿qué fuerzas sociales ?, ¿qué relación entre la movilización y las instituciones ?, ¿qué perspectivas de poder ? Daniel aborda estas cuestiones en numerosas contribuciones, en los debates con los Zapatistas de Méjico o en las polémicas con otras fuerzas de la izquierda radical. No es por azar que el diario español Público titulara, tras su muerte, su homenaje a Daniel : “La revolución ha perdido su estratega.”

Durante esos años, continuó su cooperación con los militantes brasileños para construir una tendencia revolucionaria en el Partido de los Trabajadores (PT) del Brasil. Se trataba de sumar militantes y grupos de orígenes diversos para construir una tendencia unificada. Dedica toda su energía a ello. Lula es elegido a la presidencia de la República en 2003. Cuando la mayoría de nuestros camaradas en el seno de la dirección del PT deciden participar en el gobierno social-liberal de Lula, en un primer momento trata de convencerles de su error y, tras haber fracasado en el intento, toma la iniciativa de la ruptura. Para él se trata de un desgarre político, moral y personal ; pero, en esta crisis, no transige ni un momento con los principios políticos que considera cruciales : independencia total frente al poder burgués, rechazo de todo tipo de realpolitik, de cualquier acomodación con el orden establecido.

… pero sin dejar de interrogarse siempre.

Hacia delante, dará prioridad a la elaboración teórica y programática : la historia de las ideas políticas, la relectura del Capital de Karl Marx, el balance del siglo y de sus revoluciones y, en primer lugar, de la Revolución rusa. Pero no se limita a eso. También trabaja sobre la ecología, el feminismo, las identidades y la cuestión judia, la elaboración de una nueva política para la izquierda revolucionaria frente a la globalización capitalista. Participa de forma regular en los foros sociales mundiales del movimiento altermondialistas. Se mantiene al pie del cañón y actualiza su visión del mundo esforzándose en trasmitir su voluntad y la sed de comprender para actuar.

Tuvieron que transcurrir cerca de veinte años para que, con el cambio de siglo XX al XXI, asistiéramos al hundimiento del bloque soviético en 1992 y la réplica de ese terremoto en la crisis sistémica del capitalismo en 2008. Daniel tuvo la satisfacción de ser cómo la conjunción de estas dos sacudidas abría espacios para la reflexión y también para la acción. En Francia, el éxito de la LCR en la campaña presidencial de 2002 condujo al lanzamiento del NPA en 2009. Daniel jugó en ello un papel fundamental gracias a su autoridad intelectual, pero también implicándose de forma concreta para vencer las reticencias y marcar el camino de la renovación que tanto amaba. Fiel a su papel de transmisor atento no quiso ocupar ninguna responsabilidad en la dirección. Decide acompañar el despegue de la nueva organización relanzando la revista Contretemps Contretemps y constituyendo la Société Louise Michel, espacio de debate y reflexión para el pensamiento radical.

Con Christopje Aguiton y Olivier Besancenot.

Daniel habla a menudo de “marxismos” (o de “trotskismos) en plural. Los suyos, alimentados por la historia de las ideas políticas, se sitúan al margen de todo determinismo. Otorgan un papel central a la intervención en la lucha de clases, a la voluntad política. Pone al día la famosa fórmula de Marx : “En determinadas condiciones, son los hombres quienes hacen su propia historia.” Daniel asegura de ese modo la continuidad histórica de un marxismo revolucionario, crítico, abierto, creativo y la adaptación a los cambios de la nueva época, teniendo por horizonte la transformación revolucionaria de la sociedad. Su herencia es indispensable para desmontar la amalgama entre estalinismo y comunismo, liberar los vivos del peso de los muertos y pasar página a las desilusiones.

El título que dio a su último texto fue Potencias del comunismo. En él vuelve a las raíces del combate emancipador, a las ideas programáticas fundamentales de Marx, despojadas de su caparazón mecanicista o materialista primario, para reencontrar el aliento revolucionario.

Afectado por su enfermedad, se sobrepone pensando, escribiendo y trabajando estas ideas, jamás para vivir de las rentas, y sin renunciar a viajar, a realizar mítines o acudir a reuniones. Daniel se dio como tarea verificar la solidez de nuestras posiciones fundamentales y transmitirlas a la nueva generación. Lo hace con todo su corazón y toda su energía. Sus intervenciones en el Instituto Internacional de Amsterdam, en los Campamentos de Jóvenes de la Cuarta Internacional, en las Universidades de Verano de la LCR y, luego, del NPA, en numerosos debates públicos, continúan vivos en nuestra memoria. Los llamamientos a la acción continúan estando presentes pero, en comparación a sus entusiasmos de juventud, son más maduros ; su pensamiento continúa siendo, hasta el fin, riguroso e incisivo.

El respecto y la afección, tanto en el seno del partido como fuera de él, le acompañaron hasta su muerte. Creemos que ha sido una suerte haber podido encontrar y frecuentar una persona tan distinguida, íntegra y firme. Leer a Daniel, escucharle, discutir durante horas con él era siempre una gozada, por su ternura, por su interés por la gente, con la preocupación de compartir su entusiasmo jamás mermado por la adversidad, su voluntad de no perder ninguna “encrucijada de lo posible”, como le gustaba decir. Daniel continúa entre nosotros con su sonrisa, su mirada penetrante y su aguda inteligencia.

Siempre el primero en “indignarse”

“Seguir adelante” es la ardiente tarea que nos deja. Continuar por encima de las dificultades, de los flujos y reflujos sociales y políticos. Daniel amaba inspirarse en los herejes del movimiento obrero oficial y del pensamiento dominante. Es conocido su apego a Walter Benjamin, “centinela mesiánico”, a Charles Péguy, dreyfusista de primera hora, cristiano anticlerical y socialista original. Se conoce menos el que hace referencia a Auguste Blanqui, “comunista hereje”, como lo denominaba junto a su cómplice Michael Löwy. Lo citaba a menudo : “Siempre la lucha, la lucha hasta la extinción”, uniendo sus pasos a los de ese refractario hacia los “fatalismos de la historia” y de los “adoradores de los hechos consumados”.

© Cécile Ossieux, agence CIT’images

Hay que continuar haciendo frente a los colosales desafíos que puso sobre el tapete la crisis financiera desatada en 2008. La crisis global del sistema está preñada de transformaciones sociales, económicas, medioambientales y políticas. Daniel hacía un seguimiento febril de cada episodio. Desde las consecuencias de la quiebra del banco americano Lehman Brothers al fracaso de la cumbre de Copenhague sobre el recalentamiento climático ; no se le escapaba nada. En ellos entreveía las premisas del cambio histórico que se producía ante nuestros ojos. Es la máquina capitalista que trata de purgar su superproducción y sobreacumulación de capital al precio de la regresión social ; es la reorganización del mundo con el fin progresivo de la hegemonía de las dos grandes potencias, Europa y los Estados Unidos ; son el modo de producción y de consumo los que están agotados y agotan los recursos naturales. Presentía que esta evolución histórica abriría la puerta a las resistencias y a nuevas posibilidades. Sin embargo, no se alegraba de la situación, consciente de que en ausencia de cambios políticos radicales, los pueblos pagarían el gran tributo de la crisis. No obstante, no podía sino alegrarse de los cambios políticos y las cabriolas de los “vencedores de ayer”, hablando a menudo de una crisis capaz de hacer caer al sistema como a un castillo de naipes, mientras que pocos años antes, esa misma gente apostaba por el “fin de la historia” y hablaba del capitalismo como un “horizonte insuperable de la humanidad”. Daniel media el camino que se había hecho….

Frente a los partidarios desdeñosos y arrogantes del pensamiento único, Daniel se mantuvo como portavoz de la resistencias al aire de los tiempos. Desarrollando un pensamiento elaborado y abierto, defendía la necesidad de un proyecto de emancipación contra la ley de la jungla capitalista, con argumentos inteligentes y comprensibles. De ese modo logró la doble hazaña de volver a dar a muchos militantes, legítimamente quemados, el orgullo de ser marxistas y comunistas y, a los jóvenes militantes que hacían sus primeros pasos en un mundo en el que estos calificativos estaban despreciados, el deseo de llegar a ser marxistas y comunistas. A los ojos de esta nueva generación política que participa del renacimiento del movimiento social, Daniel es el trasmisor de ideas, el irreductible rebelde rojo, dotado de una autoridad intelectual que, a pesar de las dificultades, contribuyó a privar a los vencedores de entonces de anunciar la victoria total. Ciertamente, Daniel , con su pasión internacionalista y anti imperialista hubiera seguido de cerca las revoluciones árabes. El movimiento de los “indignados” habría estimulado su reflexión y su acción. Echamos en falta su mirada y sus escritos sobre estas cuestiones.

Junio 2012

Olivier Besancenot es dirigente del NPA.
Charles Michaloux fue dirigente de la LCR y de la Cuarta Internacional. Es experto-asesor de Comités de Empresa.
François Sabado es militante del NPA et forma parte de la dirección de la Cuarta Internacional.

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Notes

[1] Daniel Bensaïd, Une lente impatience, Stock, Paris, 2004.

[2] Daniel Bensaïd, Henri Weber, Mai 1968, répétition générale, Maspero, Paris, 1969.

[3] Daniel Bensaïd, Alain Krivine, Mai si ! Rebelles et repentis, La Brèche, Paris, 1988.

[4] Daniel Bensaïd se enteró de que portaba el Sida en marzo de 1990, cuando iba a celebrar su 44º aniversario y acababa de escribir Walter Benjamin, sentinelle messianique [nota de la redacción de la web].